
Miguel Ángel Perera continuó con su gran e innegable momento de forma, sobreponiéndose con seriedad y mando al peor lote de la desigual pero muy armada y astifina corrida de Núñez del Cuvillo; destacó su faena al jabonero tercero que pareció quererse rajar y al que sujetó muy bien en los medios, realizándo una buena faena, aunque mató de una estocada desprendida, lo que le impidió cortar una oreja pese a no ser pedida con la mayoría necesaria. El Cid dejó escapar los dos mejores toros de la corrida, con los que estuvo frío. Y Castella, con un buen lote, demostró que ha perdido la clase y el valor que tuvo antaño aunque cortó una oreja del quinto y se le pidió otra del segundo que mató de un indecente bajonazo. El publico de Vitoria, al que se quiere recuperar y, sobre todo, a los “blusas” que volvieron a poblar los tendidos, demostraron, sobre todo éstos últimos, una gran falta de personalidad al copiar lo malo del sol de Pamplona y hasta parecer que presenciaban un partido del “glorioso” Alavés en lugar de una corrida de toros por los innumerables cánticos futbolísticos que entonaron.
Vitoria. Nueva plaza cubierta. 5 de agosto de 2008. Primera de feria. Casi tres cuartos de plaza. Toros de Núñez del Cuvillo, desigualmente presentados aunque con imponentes defensas. A algunos les falto remate. Nobles pero sosos en su mayoría destacando el primero y el cuarto por su nobleza y buen juego. El Cid, silencio y ovación con saludos.Sebastián Castella, ovación con saludos y oreja tras aviso. Miguel Ángel Perera, silencio tras aviso y silencio.
Núñez del Cuvillo envió a Vitoria una corrida apta para pasar el reconocimiento por sus astifinas defensas aunque, en algunos casos, solo tenían cuernos,y unos cuantos parecieron “tablas” por su escaso remate. Todos los toros recibieron un solo puyazo aunque en algunos casos fueron excesivos. La corrida desarrolló una nobleza bobalicona y mansedumbre en algunos de los toros. A pesar de ello, fue una corrida con la que los toreros debieron de triunfar.
Perera, a pesar de escuchar solo silencios a la muerte de sus dos toros, realizó la faena más importante de la tarde, con el jabonero tercero. Un toro bien hecho que amenazó con rajarse, cosa que no consiguió gracias a la técnica y al buen hacer del torero extremeño. La faena estuvo basada en la mano derecha en la que llevó metido al toro en buenas tandas. Con la izquierda los naturales tuvieron menos intensidad que los derechazos. La faena fue importante por la madurez que demuestró el torero, pero no será de las que se recuerden. Pinchó antes de dejar una estocada desprendida, lo que unido a la no mayoritaria petición de oreja, le privaron de dicho trofeo. Extraño que después de pedir la oreja, el público no aplaudiera al torero para que saludara.
Sebastián Castella, evidenció que ya no es el torero tan valiente que fue, pero se le vio, algo más recuperado que en los pasados Sanfermines, cosa que nos alegra. Esperamos llegue al lugar que ocupaba antaño. Tuvo dos toros que se movieron. En el primero le empezó la faena con unos estatuarios marca de la casa, para luego instrumentar buenos pases por ambos pitones, pero sin transmitir a los tendidos y sin que la faena tomara vuelo. Mato de un bajonazo indecente, del que el toro cayo fulminantemente, razón de que el publico pidiera la oreja aunque por no ser mayoritaria y después del bajonazo, el presidente aguantó bien la petición y la posterior protesta, por la no concesión. Trofeo que si tuvo que darle en el quinto, después de una faena en la que el torero afronto la situación más enrabietado a raíz de la espectacular voltereta que sufró al torear de capote y de la que salió afortunadamente ileso.
El Cid estuvo muy en su línea con dos buenos toros, realizándoles buenas simplemente faenas por,pecar de frío y algo mecánico. Al cuarto lo mató de una buena estocada después de la cual volvimos a vivir otra insuficiente petición de oreja.
Por ultimo quiero hablar algo sobre el publico de Vitoria, al que se quiere recuperar, y sobre todo a los “blusas”, que volvieron a poblar los tendidos. Demostraron, sobre todo estos últimos, una gran falta de personalidad, al copiar lo malo del sol de Pamplona, y que parecía que presenciaban un partido del “glorioso” alavés en lugar de una corrida de toros por los innumerables cánticos futbolísticos que entonaron.
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